Hacer sábado en lunes

Soy una sensación
distinta a este momento,
existe una distancia abstracta,
como la que planea
sobre un bufé
córpore insepulto,
entre lo que yo me pregunto,
y lo que tú
te respondes también,
ahora.
Podemos estar
en la cima del insulto,
en el amor
del turrón blando,
o volando,
de hoy lunes,
hasta ayer domingo.
El caso es que ahora,
los dos
no sabemos por qué,
somos lo mismo
completamente distinto
– Enrique Urbano.
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Un día sin pan

A una cuestión aleatoria,
le corresponde una respuesta
rotundamente cierta,
es imprescindible
entender
la existencia del ser,
como un ingrediente más
en la creación del ser,
como un condimento,
que en exceso,
te moja su olor
en la nariz
y te da sed;
y en vano,
te aburre
el cielo de la boca.

El equilibrio
es equivocarse,
estar profundamente
convencido
de estar equivocado.
Vivir sin ser
no es hallar
un conocimiento
elitista,
ni la consecuencia
de una meditación
orgiástica,
ni la constante negación
en mí
de no ser
nada ni nadie
que no sea
yo mismo.
Una mota de polvo
descubierta flotando
por un Sol
de retirada
que se estira
atravesando
el cristal,
una verdad
chiquita
en una mentira
enorme,
un momento
exacto
sin lugar.
Se trata
de dejarse ser,
de entregarse
a la suave
levitación
del vacío
llenándose
despacio.
La vida será
lo que tú quieras,
pero te da siempre
el tiempo suficiente
para que seas
lo que eres.

Enrique Urbano.

Inédito

Me miro
y no reconozco
mis pies,
estoy tumbado,
y de repente,
esos pies,
no son los míos.

Están torcidos,
los dedos
más pequeños
se han curvado,
y los demás,
se han endurecido.

Se ven dormidos,
están quietos,
parecen haber caminado
mucho antes de estarlo,
pero en ningún caso,
parece que hayan dado
todos mis pasos.

Enrique Urbano.

Fobia, tercer libro

Buenos días, tardes, mañanas y noches. Si alguien gustase hacerse con un ejemplar de Fobia, mi tercer libro, puede encargarlo por mail, escribiendo a enriqueurbanoangel@gmail.com, y yo personalmente se lo envío a casa o a dónde quiera. Será un placer.

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Círculo

Estoy hecho del desorden
de las cosas
que más llevo conmigo,
me propongo erguido
moverme,
y solamente estoy quieto,
aunque esté hecho
de pequeños movimientos,
pero no solo yo, sino todo,
ese todo en el que también
está nada.

Es vital
darse cuenta
de lo que implica
estar vivo,
no vayas a salir sin ti,
llévate contigo,
vete a vivir
que flotas,
siente el proceso
de oxidación
saliendo por la nariz.

Todo, hasta nada,
está vivo,
se mueven
los soldaditos de plomo
por la noche,
bailan las zapatillas
debajo de la cama,
las macetas
respiran.

Y lo normal,
es que en mitad
de este frenesí,
nos hubiésemos
quedado sordos,
pero en este ruido,
podemos estar tranquilos,
nadie nos escucha,
porque nadie nos pregunta.

Enrique Urbano.

Mantel de tela

Había un tiempo antiguo ayer,
un pasado visto hoy tan imperante,
que por aquel entonces
no sabía ser conmigo,
aquello que solamente
somos ahora.

No lo podía haber dicho antes,
porque ahora son hasta
todos esos momentos
que no están pasando,
pero levente se mecen
en saturnal imaginario
de desvaríos ya fantásticos.
Y por entonces,
seguro, no creería tener
las mismas manos
que tengo ahora,
pero en cualquier caso,
sabía que esas no serían
mis manos siempre.
Por este entonces,
de mi niño hasta mí,
desde aquel entonces
hasta ahora,
no es donde dije digo,
sino que lo que dije,
lo dijo un desconocido.

 

Enrique Urbano.

Miopía

Que triste el chico vaciar
de la jarra enorme del magín, 
y que lejos barruntan
ellos desde allí
la energía de esta flauta.

La escena del ser universal
repele a los mosquitos,
pero incendia el miedo
en la realidad vívida
que filman los ojos.

Esta es la única verdad íntegra,
y más allá de la realidad panorámica
enmarcada en las pestañas,
solo hay una endiosada vida muerta
que late sin nosotros.

Somos el lado oscuro de otros,
una careta virgen
que catalogar en el archivo
de objetos perdidos
hasta ser hallados.

Por eso me jode
que me cuenten el final,
que me adviertan,
avisen y revisen
de lo poco o tanto
que me estoy equivocando.

En mis poco menos
de ciento ochenta grados
de luz, colores y formas,
solo se ve lo que yo veo,
y solo yo puedo verlo.

Enrique Urbano.

Pena de pena

Aunque no la digan,
digan que la pena se ve,
se ve en un vaso triste,
triste, párpado y lleno,
lleno hasta lo invencible,
invencible y ahogado,
ahogado en un vaso de agua,
de agua triste.

Se llora como vuelan
los pájaros por no caerse,
con la misma lentitud y fuerza
con la que el mar soporta
el peso de un barco,
se llora al ver llorar
a otra gente estar llorando.

Se llora antes y después
porque no se puede
dejar de llorar,
pero de mi parte,
llora con la exclusividad
personal de tu llanto
diseñado por ti
y para cualquier otro momento
que no sea este.

Enrique Urbano.

Eso es

Échale migas al pan
que todos se van
y yo aún no he vuelto
de mi tísico vaciar,
de mi desbordado
y jacto empacharme
de aires y espacios
que no sé dónde poner
en este volcán y pus
perfumado de lactante
ácido y ya senil.

Es el virar venoso,
apresurado lento,
de mi sedado rojo elixir
del sudor barbitúrico
del deshinchado
respirar entre llantos,
ese hueco entre esperas,
ese amago de huir,
un pellizco al invierno
del hombre suicidio.

Necesito encontrarme,
amigos diablos,
necesito saber
al menos a veces
si es verdad
que alguna otra vez
fuimos gente.
Enrique Urbano.

Uno

Estoy casado
a esta habitación de mal,
a la rutina reptaria de abandonarme,
de conformar el intuir
del estertor maduro
de la fruta en el árbol;
el aire que a noches
pesa tanto aquí,
como vaho estrecho
y abiertamente selvático.

Pero como hay vida microscópica
negra en las esquinas,
hay cuatro estaciones
en una caja oscura.

Grito desde el pánico hondo
del dado zarandeado,
al ruido sordo
que me oye,
al girar apostólico
de alrededor de mi caja.

Solamente hay una cosa más,
pero no hay nada más,
no hay más esquinas,
no hay más caja.

– Enrique Urbano​.

Quitamiedos

La luz de una farola torcida
te enfoca
alejándote de ti
mientras se acerca
a ese tuyo destripado
de animal seco
que se ha hecho mancha
en el asfalto.
La bestia
con los ojos
sin párpados
encendidos,
es un hojaldre
que te ha postrado
andando sobre ti
hasta el gentío
callado del pueblo
recto de los arcenes.
Te ha aplastado
la ubre de la urbe,
te ha dado en la cara
toda la ciudadanía ancha
y los edificios largos
y de pie
que son trenes.
Te ha matado
la vida que has dado,
en una tierra
que no es tierra,
y en esa sola vez
en la que la muerte
es una de esas otras
muchas veces.

Enrique Urbano.

XLVIII

Como el aroma de los cardos, el laborador de la arcilla, el químico nuevo de todos los milenios, o la desaparición neumónica de las abejas, así es la osamenta de mi otro para ti quizá poeta, pero ahora date cuenta, es la de un poema hablando de poesía.

El proceso de creación es una gominola de menta, de fresa ácida a lo sumo, pero no me acostumbro al caramelo gordo de cabalgata que chupan hasta afilar los novelistas.

Lo primero es tener algo que decir y no tener algo que contar, lo primero es pura magia, y lo segundo alquimia barata de Coelho.

Así como otros tantos colegas, que de ser por ellos encerraban el arte en la baldosa del hiperrealismo soez de repetir lo mismo de una forma tan inteligente, que al que no le haya hecho efecto el lexatin, se pregunte qué mierda habrá querido decir.

Si yo fuera poeta, y no un comparsista frustrado, sería como buen borrachín, uno de los románticos, así por lo menos me bebía el agua de los floreros.

Y por descontado sería de los rapsodas que van con bombín, sombrilla, camisetita de tirantes y un seudónimo enigmático… Esos sí que saben.

Los artistas son los asesinos del arte.

  • Enrique Urbano.