Bla bla, bla bla

Lo siento
pero sigo sin entender
los teléfonos,
y no es mi muy cierta
dentera al contacto,
a pesar de los cables,
sigue siendo macabro
hablar en dos lugares
desde el mismo sitio.

Es algo como un momento
adulterado con algún
potingue químico
que no consigue
que hable,
pero sí que repita
lo que estoy diciendo.

Pero hay otro algo
que me gusta de él,
aunque interrumpa
una charla distendida,
y es su distracción concentrada
en cualquiera de las otras cosas.

Son esos paseos
hasta las esquinas,
esa ligera recomposición
de los bolígrafos,
esa silenciosa degustación
de la densidad del polvo
en los dedos,
esos garabatos
y círculos subrayados,
esa espera lateral
a que cuelgues tú.

– Enrique Urbano​.