Menudeo

No soy sino casi tan valiente
como alguna pompa de aire
en el embarrado pliegue
de un cerebro
que a ratos recuerdo
tener cuando se mueve.

Lo malo son los cataclismos
internos que respiran
en un guiño instantáneo,
o los golpes en el codo,
o cuando comes con las manos
y algún científico te recuerda
la novela microbiana
que tienes en los dedos.

Todo pasa por detrás de las cejas,
las ideas, los ratos,
todo menos la formación militar
de las farolas en la calle,
a menos que te gires
y te des con la frente.

No habrá obra faraónica
en mitad del camino
más grande y atornillada a la tierra
que sea más esquivada por el turismo.

Las farolas tienen esa propaganda
en forma de falda de teléfonos,
esos polvos amarillos
para que los perros no meen,
y esas puertas chiquitas
que parecen estómagos.

Ese bastón enorme
de los viejos y los borrachos,
es el ángulo muerto
de todas las cámaras,
una oda al trapicheo,
el lugar para apoyarte
a esperar a nadie
y que nadie te vea.

– Enrique Urbano.