Ojo

La razón armada
de este atraco
a enaguas alzadas,
mi interminable señora,
responde a que nada más importe:
si cada verso es un lamento,
las horas son escandalosas,
las algas una corbata,
y la muerte un aburrimiento.

Si al final uno no tiene
con quién confundir
las zapatillas
bajo el sofá,
se está perdiendo también
la cienciología del pulmón
de las palomitas
en el microondas,
la falta de equilibrio
en el edredón,
la movilidad robotizada
hasta su expresión mínima
en la inamovible
siesta ajena.

Pero sobre todo, señora,
apure la escapada,
está atrapada en un inmenso,
verde y vívido museo
con un hombre de cera.

– Enrique Urbano.

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