Conversación tímida con la muerte

Por supuesto que puedo estrangularme,
burbujear con la nariz hundida en el fregadero,
o utilizar una corbata del uniforme de mi padre,
para recolocarme la nuez hacia dentro.

Puedo sepultarme bajo el romi,
enjuagarme las encías con lejía,
inhalar en el ascensor el gas del mechero,
u ordeñarme las heridas y beberme sin hervir
hasta la última gota de mi propia vida.

Lo cierto es que puedo elegir
hasta cuanto y cuando morirme,
pero no tengo
donde caerme muerto.

 

– Enrique Urbano.

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10 pensamientos en “Conversación tímida con la muerte

  1. Enrique, Tu poema me hizo recordar a la frase de Sartre: “Estamos condenados a la libertad”. En definitiva, siempre podemos elegir, aunque la Muerte pueda limitar con cierto grado de “Determinismo y Necesidad” nuestro margen de maniobra en lo que atañe a las posibilidades de nuestra elecciones.

    Muchos saludos; Aquileana 🙂

    • Gracias Aquileana, no conocía, es curioso la cantidad de cosas que puede suscitarnos la libertad, de ella hasta la muerte, imagínate. Encantado de leer tu comentario, de verdad, espero que nos sigamos viendo.

      Un abrazo.

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