A mi vejez

Siento volverme letra a letra más romántico,

siento los párpados más pesados,

siento el peligro más hiriente

y presiento que con el tiempo,

iré considerando que la clandestinidad

que ahora avivado me mantiene,

ha sido la locura propia de un chaval.

 

 

El amor nos vuelve irremediablemente viejos, 

y todo pese a no existir ya la muerte de amor, 

el amor sigue siendo venéreo, mortal, 

como goteo en círculos de un dolor,

que siempre se consigue detener al dar con él, 

pero siempre es demasiado tarde. 

 

 

Y es que al viejo lo hace el amor,

como tantísimo le hace el amor al viejo,

y son dos, o solamente uno,

que cuando el uno falte, el otro uno,

vivirá para siempre como ninguno.

 

El hombre enamorado

muere endiabladamente viejo,

pero sabiendo más por hombre viejo,

que por viejo diablo.

 

Enrique Urbano.

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