A ti

Del poema, me anuda el alma

su silencio;

tararear el cólera

contagiado al escribirlo,

paladear su propio réquiem,

regocijarme con lo ideado

y cavar su tumba justo después.

 

El silencio, brota cual hierba

juvenil y fresca

sobre la piedra inerte

de un sentir desacompasado,

vestido de gris formalidad.

 

Encorsetar la pasión,

moldearla bajo el vidrio,

es derrota inmediata en la

nitidez del corazón,

perder aquello más alejado

del centro de gravedad,

privar de océano al barquito.

 

La poesía, por parte de madre,

y como primeriza,

es belleza desatada,

arrojada a la vida

sin pensarlo, sin medida.

 

Del silencio tras un verso

solamente sobrevive el anterior,

y tras el último aliento,

explota el paladar 

en un latido sin igual,

es la emoción, 

el sexo.

 

No rima el dolor,

ni el poema en un corazón,

rima la flor sobre la piel

del lector,

si ha llorado al leerlo

como al escribirlo he hecho yo.

 

Enrique Urbano.
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