Insomnio

Los sueños,  sueños son

por su bendita condición,

que no va más allá del sentir

al hallarnos sin sentido.

*

Despertarnos vivos

supone haber muerto

en algún instante anterior,

como lo hace la flor

después de germinar.

*

Si soñar es morir sintiendo,

la vida debe ser,

sin más, el cultivo

de aquello que padecemos

al morir.

*

Si sueñas despierto,

ora, te posee el vino,

ora, te atrapó la muerte.

*

Escribir poesía es desayunar con ella,

regalarle bombones,

sentirla, acariciarla,

e irte sin pagar.

*

Y si bien mi mano puntea

ahora cual brote psicótico

poseído,

el precio, más mal que bien,

por vos y por mi, lo he asumido.

*

De aquí a allí,

de mi cama al cementerio,

todo es límpido, azul y cristalino;

pero de allí a aquí,

no veo más allá del tiempo

que resta para volver allí.

*

Temo la muerte,

mucho más por ti

que por mi…

Si muero…

¿cómo podré decirte

que anoche soñé contigo?

Y si vivo…

¿cómo podré decirte

que muero por soñar contigo?

*

Cuando vivo,

muero por soñar,

y al morir,

sueño con vivir.

Enrique Urbano.

A ti

Del poema, me anuda el alma

su silencio;

tararear el cólera

contagiado al escribirlo,

paladear su propio réquiem,

regocijarme con lo ideado

y cavar su tumba justo después.

 

El silencio, brota cual hierba

juvenil y fresca

sobre la piedra inerte

de un sentir desacompasado,

vestido de gris formalidad.

 

Encorsetar la pasión,

moldearla bajo el vidrio,

es derrota inmediata en la

nitidez del corazón,

perder aquello más alejado

del centro de gravedad,

privar de océano al barquito.

 

La poesía, por parte de madre,

y como primeriza,

es belleza desatada,

arrojada a la vida

sin pensarlo, sin medida.

 

Del silencio tras un verso

solamente sobrevive el anterior,

y tras el último aliento,

explota el paladar 

en un latido sin igual,

es la emoción, 

el sexo.

 

No rima el dolor,

ni el poema en un corazón,

rima la flor sobre la piel

del lector,

si ha llorado al leerlo

como al escribirlo he hecho yo.

 

Enrique Urbano.