Año Uno

Quizá sobrio no alcanzaría

la altura delirante que ebrio observo,

y soberbio andaría si ebrio no pensase 

en la hora de volverme a emborrachar.

 

Sabe más el viejo repicando

que ciento volando, pero por diablo,

sabe más el joven que todavía no es hombre

y sigue soñando.

 

Porque crecer es morir, amigo,

y yo muero por no morir.

 

Pues el viejo, en palabras,

es principiante conocedor

y entendedor experto;

mientras la idílica mente joven

abona los tiestos 

en los que sembrar sus por qué.

 

La tragedia no es no entender,

sino creer entenderlo.

 

Y mientras el viejo cae y se sonroja,

la criatura sonríe,

galopa,

hasta volver a tropezar.

 

No es el miedo a morir, 

será el no miedo al miedo,

o el no miedo a crecer,

lo que hace al joven libre

y al viejo un preso.

Enrique Urbano.
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