Alto

Si fuese, madre, libertad

aquello que a regañadientes

os escribo,

antes que ayer,

y siempre,

hubiese como vos

bien habéis sabido,

perdonarme por los versos

que ya he escrito.

 

Y si en esta tempestad de emoción,

en la que habéis contribuido,

en este mío deje perverso

de fundir el alma con las manos,

hallé refugio a mis delirios humanos,

debiose, madre,

al regazo de aquella media luz

que acunaba lo que hoy

me queda de juventud.

 

Soportando este lastre

he creído crecer,

y  aprendido a no querer crecer.

 

Ahora respeto el miedo,

conozco la ley,

pese a quebrantarla

cada vez que no me veis.

 

Y es que observo ahora a los retoños,

con los que tal vez mañana sean sus ojos…

son más libres de lo que jamás

volveremos a serlo nosotros.

 

El correteo incesante,

la lluvia enredada en los pies,

el temblor entre piernas,

su cocina moderna,

las batallas cabalgando

el ancho mar,

el hoy,

sin el menester

del ayer.

 

¡Ay! madre, que muero

porque voy muriendo.

Enrique Urbano.

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Éxtasis

He olvidado las palabras.

*

Renegué de ellas,

no son más que viejas

charlatanas,

cautivadoras de aire.

No sirven si estás callado,

y sobra utilizarlas

si hablas demasiado.

Y no quisiera ahogarme con ello,

pero sin ellas,

he aprendido a decirte

que te quiero.

Tan sencillo como mirarte

es comprender, amor,

que sobran las palabras

con las que besarte.

Tus piernas desnudas

sobre mis rodillas descalzas,

tu vientre repartiendo

flores de azahar.

Huele a hombre,

a mujer,

a corazón latiendo

sin necesidad de madrugar.

Tan sencillo como mirarte,

es comprender, amor,

que la Luna no habló jamás

y es musa en la eternidad.

En el amor,

no hay  mudez que aliviar,

no hay ruidos que callar,

hay amor, nada más.

Silencio.

No quiero despertar.

Enrique Urbano.

A Tona García.