Romántico

Mi primera vez contigo,

y yo sin florero ni anillo,

sin pincel, sin pañuelo,

solamente tú conmigo.

No traigo versos,

no hay compases perversos

que recitarle a los instantes

románticos.

Los zapatos son de antaño,

tintados con barro añejo,

y uno de ellos,

baila borracho.

No hay poemas en la fuente,

ni perfumes engalanados

traídos de otro continente,

no hay liras ni canciones.

El erotismo de la palabra,

 último resquicio romántico, murió.

Pereció durante un eclipse de Sol,

a los tiempos, dejó dicho;

presiento que muerto,

 seré más y mejor conocido que vivo.

Murióse entonces el romántico,

y solamente resta el Romanticismo.

Me apena que los confundan,

tal si fueran agua o vino,

o el fin y el inicio

de la noche y la Luna.

Debe verse ebrio

quién a golpe de verso

remueve amor y poesía

creyéndose vivo.

Aquello murió por divino,

como cae todo lo hermoso y bello

de las flores, con el empuje del viento

y del caminante en su caminar.

Pobre de aquél con romanticismo

que os diga que os amó y os ama,

huid, mas yo huiría,

los muertos no yacen en cama.

Enrique Urbano.
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Nada

No hay musa sin Luna,

no hay inspiración

sin unos labios claros

coloreados con pintura.

No existe, porque más allá,

como Quijote negro

he andado y cabalgado

en busca de ese miedo.

Y no he hallado más que nada,

no hay nada en las olas

si la tierra que aguarda

no se viste de arena.

No hay espera en las horas

si el minutero no taconea

persiguiendo el amarre

en el puerto de otro desliz.

No hay principio ni morir feliz,

no hay sino madre

sufriendo por la pena

de su hijo en condena.

No hay dulcinea sin trenza,

que como hoja de otoño,

se posa y balancea

en su manga izquierda.

No hay calor tras el amor

si no son las sábanas

miradas de cuatro ojos

y un corazón.

No hay un atisbo de vida

tras el estéril grito

del náufrago perdido

en su amada isla.

No hay

sin poesía.

Enrique Urbano