Te regalo una caja musical

sin música.

Llévala allá dónde quiera

que vaya tu alma.

Coge una maleta,

enciende un pitillo,

y en lo que echas humo,

llega hasta las Bahamas.

Te regalo una caja musical

sin música.

Escúchala allá dónde quieras

oír como el mar nada.

Enchufa la radio a una palmera,

saca la cerveza de la cesta,

enciende otro cigarrillo,

y vuela.

Te regalo una caja musical

sin música.

Te regalo el aire

encerrado en su sitio.

Los bufones escribanos

dan cuerpo a la rima,

los señores de la poesía,

se la inventan.

Este poema encerrado,

se murmura tal si fuera

la oración del devoto

más libertina.

Pule el último sorbo,

esconde la hierba en la arena,

evita la carretera,

¡ah! y compra tabaco.

Enrique Urbano.
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