Mañana

Hace siglos que renegué del destino,

la noche del día que comprendí,

que ya no desearía poseer

lo que antaño perdí.

Fue justo el instante

en que me vi sin vino,

y entendí el placer

tirado en el suelo.

Mientras una bestia tenga miedo,

y un hombre por cama la calle,

no brotará jamás de ti

otra esperanza mía.

El destino no es ávido

en bien halladas coincidencias.

En una realidad esperpéntica,

la forma más poética y nuestra

de vivirla, es dedicar la conciencia

al son del alma y al culto de las manos.

Por ello, he escogido

adorar la coincidencia.

La coincidencia es cálida,

es un capricho del deleite,

un arenal de regocijo

entre dos individuos

cualquiera, y solo ellos

la sienten.

La coincidencia es oportunidad

ante el resto de la gente,

es dolor al pecho del destino,

y delicia para al paladar

de la suerte, la humanidad

del desuso.

El destino me hizo hallar

aquello que he perdido,

la coincidencia, es maestra

de aquello que jamás perdería.

Enrique Urbano.

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