Si llovieran manzanas

Dicen que el poeta

y la poesía por fin,

han perdido la razón

y la forma de existir.

Que ya no hay muelles

donde sentarse

 a escuchar,

ni farolas donde

apoyarse a respirar.

Que la Luna desnuda va,

olvidada a la humanidad,

que ni los hombres,

críos y mujeres,

la miran ya.

Dicen que si alguno vive,

será por su corrupta

alma caída en declive.

Siempre hay algún bufón,

que demente ha creído

 existir en otro siglo.

Y yo, por quién presume

de tan ridículo fracaso,

lo entiendo como arrebato,

arraigado e inculto,

del hombre que no estará

 junto a mí.

Los Reyes profanos

viven y vivirán de nuevo,

escuderos de lujo

de tierras de otro continente.

Portadores de belleza,

del genio perfecto,

que yo visito

cuando ella

está durmiendo.

Veo de una nube

caer un poema,

la gente se cubre,

debo haber perdido

 la cabeza.

Enrique Urbano.

Mañana

Hace siglos que renegué del destino,

la noche del día que comprendí,

que ya no desearía poseer

lo que antaño perdí.

Fue justo el instante

en que me vi sin vino,

y entendí el placer

tirado en el suelo.

Mientras una bestia tenga miedo,

y un hombre por cama la calle,

no brotará jamás de ti

otra esperanza mía.

El destino no es ávido

en bien halladas coincidencias.

En una realidad esperpéntica,

la forma más poética y nuestra

de vivirla, es dedicar la conciencia

al son del alma y al culto de las manos.

Por ello, he escogido

adorar la coincidencia.

La coincidencia es cálida,

es un capricho del deleite,

un arenal de regocijo

entre dos individuos

cualquiera, y solo ellos

la sienten.

La coincidencia es oportunidad

ante el resto de la gente,

es dolor al pecho del destino,

y delicia para al paladar

de la suerte, la humanidad

del desuso.

El destino me hizo hallar

aquello que he perdido,

la coincidencia, es maestra

de aquello que jamás perdería.

Enrique Urbano.

Alguien

El hombre que le negó

al poeta una cuarteta

en su diario. 

El hombre que despreció

la oculta dedicación

de todos sus años. 

El hombre que hundió

su esperanza, y

su corta razón de vida.

Fue el mismo hombre

que de otro hombre

arrancó su fantasía.

El mismo hombre que no comprende

otra bella realidad más moldeable.

Dista tanto el hombre del arte,

que el que nace hombre,

jamás será artista. 

Enrique Urbano.