Ahora

Me pregunto por qué mientras

 finjo ser el más cuerdo,

creo que camino por el desierto,

y que no hay más espanto

 dentro de mi cuerpo,

que el dolor del verso

que estoy cantando.

El viento empujaba sin querer

ya no sabíamos cómo mirarnos

su suerte y la mía,

en cualquier callejón,

mi alma y su arte.

Tras la espalda, las manos,

bordando secretos compases,

ellas que siempre ansían

poesía que cantarte. 

Sonríe;

 van a fotografiarnos. 

Enrique Urbano

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