Soñadores

Érase una historia entre la gente

un lazarillo sin ojos

tal, era un poema sin rima

al que las bocas llamaban poesía.

Ahora va, y me susurra una voz;

aquel que hoy venga, y te entienda,

no habrá entendido nada

de aquello que entendemos los dos.

Era el aire envolviendo

un sinsentido

azul y amarillo

como si el sabor del vino

fuera el de todos nosotros,

como si todavía tuviésemos

los pies teñidos y descalzos.

Y era sangre derramada

sobre los manteles

blancos del atardecer,

donde habita el Sol

dándole calor al mar,

el mar sobre la orilla

que desnuda, corretea tu espalda.

Su melena ondulada

presagiaba la noticia

la portaban los ángeles,

los dioses no la olvidan.

La poesía sin rima

es divina y miserable

bella, y además culpable

de mil y un canallas,

y de la mitad de sus canalladas.

Aunque ninguno como yo,

hasta que nos enamoramos

un invierno bajo la muralla.

Pese al feo vicio de crecer

siempre nos quedará,

por lo menos,

que nadie nos diga

aquello que debemos, o no creer.

Solamente viviremos un sueño

si lo soñamos despiertos.

Enrique Urbano

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