Problema de entendederas

Entiendo y reniego de los entendidos,

aquéllos enterados que entienden,

tenedores de lo que han perdido

y faltos de lo que han hallado.

Pero no entiendo a los entendedores

que presos de una virtud lúgubre,

sucumben a las horas y obras

de cuantiosos entendidos ineptos;

pobres traidores. 

Entiendo, y por eso me desentiendo,

de todo aquello que debo entender

me seduce más el entendimiento

de cuanto no entenderán jamás los demás.

Cuando llegue la hora,

no osen despertarme.

Les entiendo.

Pero entiéndanme.

Enrique Urbano

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¿Hay alguien ahí?

Me han dicho que abra las ventanas

que cierre la puerta y baje la basura.

Que dé los buenos días a los vecinos

que deje de beber vino

y que no escriba a oscuras.

Me han dicho que sonría por la calle

que no camine fumando

que van a creer que estoy loco

que no vuelva más borracho.

Que no vaya a la playa

que no hable con las gaviotas

que no pasee desnudo por la orilla

que la vieja del tercero

ya le ha dicho a mi madre

que canto solo cuando no hay nadie.

Me han dicho que pierdo el tiempo

y no es que no les muestre mi respeto

es que no entiendo lo que ellos entienden

¿qué debe entender la gente?

Que yo no soy poeta

que los poetas murieron

y creo que morirán ellos

por creer que murieron.

Que mire a los ojos

que no me ponga un calcetín de cada color

que batalle por todos y me olvide de mi

y de mi dolor.

Qué les importará lo que les diga yo

si no saben ni quién soy

que les importarán nuestras mil fantasías

si no nos dejan ni decir

esta boca es mía.

Enrique Urbano

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Seis, dos, siete…

los demás son intuición. 

Late el tono, y con ello

no quisiera que pienses

que llamo por llamar

que necesito oír tu voz. 

Yo lo que ansío es escuchar.

Escuchar tu primera interrogación.

-¿Si?

-Ya sabes que soy yo.

Podría vivir sin hablarte, como sin oírte,

pero jamás sin escucharte. 

– Cuéntame qué has deshecho hoy,

habla tú, que yo escucho por los dos.

Recítame, como solamente sabes tú,

con pausas perfectamente alineadas,

lo que viste al dormir y que al despertar,

y abrir los ojos, no logras comprender.

– ¿Lo oyes?

-No oigo nada, te estoy escuchando. 

Y habla más bajo, que quien te oiga, 

creerá que estás loca. 

Enrique Urbano.